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4.1. Tipo de soporte rocoso Los sitios corresponden a bloques erráticos individuales o compuestos, algunos formando aleros o pequeñas cuevas que se constituyen en abrigos rocosos. También paredes rocosas que afloran en pendientes escarpadas.
4.2. Modalidad de arte rupestre y pigmentos Corresponde en su totalidad a pinturas rupestres elaboradas mediante la aplicación de pigmentos rojo ocre (la gran mayoría), rojo ocre violáceo, naranja, blanco y negro. En algunos sitios se identificaron paneles policromos compuestos con hasta tres de estos pigmentos (ver fig.37).
4.3. Técnicas de aplicación Se reconocieron principalmente: dactilar (utilizando los dedos para hacer los trazos), la impronta de manos completas, la aplicación de pigmento con pinceles o algún otro instrumento muy fino y el relleno de áreas mas grandes; todas estas mediante la aplicación del pigmento en estado líquido o coloidal (espeso). Otra modalidad corresponde al rayado mediante el uso del pigmento en estado sólido o en forma de terrón.
4.4. Iconografía Los motivos plasmados en las pinturas rupestres de Sutatausa varían desde figuras geométricas (consideradas abstractas por algunos autores) hasta representaciones naturalistas de animales o figuras humanas claramente identificables. Se disponen en paneles que tienen desde un solo motivo hasta profusas composiciones, algunas de las cuales forman superposiciones. Otros motivos que se pueden resaltar corresponden a representaciones de animales, –cuadrúpedos– que también se constituyen en eventos particulares en el contexto del altiplano cundiboyacense, donde los motivos rupestres suelen ser en su gran mayoría geométricos. Asi mismo, la ocurrencia de composiciones donde se hace uso de dos o tres colores en un mismo panel (identificados 2 sitios en este proyecto) son muy poco frecuentes en el resto de la región (ver: Arguello y Martínez, 2004). A continuación se presentan algunos ejemplos:
4.4.1. Posible continuidad de la tradición rupestre posconquista y contemporánea Si bien, no se tiene conocimiento sobre los autores de las pinturas rupestres de Sutatausa, su cronología ni contexto arqueológico directamente asociado, se presume que son de origen prehispánico por paralelismo iconográfico con otros vestigios arqueológicos y zonas del altiplano y por referencias de crónicas de los siglos XVI y XVII. Aunque muchos autores atribuyen el arte rupestre de la región a los grupos muiscas (chibchas), a la fecha no se cuenta con evidencias suficientes que comprueben su afiliación cultural o fecha de elaboración. Sin embargo, durante esta investigación, se pudo constatar la existencia de dos motivos rupestres que parecen representar jinetes y cabalgaduras (fig. 54), asi como la identificación de un motivo atípico que parece corresponder con iconografía decorativa de piezas cerámicas del periodo de contacto o posconquista; se trata de la cruz patada, recurrente en la herádica de los conquistadores y en la simbología católica manifiesta en múltiples obras de los siglos XVI al XVIII en el altiplano cundiboyacense (figs. 55a y 55b).
De igual modo, en decenas de rocas se advirtieron trazos realizados con mineral sólido o terrón (en rojo ocre y negro) que no parecen ser simple graffiti contemporáneo, pues algunos trazos semejan la iconografía de la pintura prehipánica o se se plasmaron en áreas de dificil alcance, aunque algunas veces superpuestas a pinturas prehipánicas. En muchos casos estos trazos se encuentran sobre rocas que no presentan pintura, y su iconografía va desde simples rayones o ensayos de formas hasta representaciones antropomorfas (ver fig. 56). Con base en esto, y teniendo en cuenta que estos trazos no representan escritura moderna, consideramos que en algunos casos pudieron ser rasgos contemporáneos o tardíos de la misma tradición prehipánica, o quizas expresión ágrafa de indígenas o campesinos relacionadas con desplazamientos o labores agrícolas o de pastoreo de ovejas a través del territorio.
Otros eventos de alguna manera relacionados con la tradición rupestre los constituyen avisos escritos y plenamente legibles, plasmados en pintura roja sobre algunas piedras, mediante los cuales los habitantes campesinos de la región promocionaron servicios (reparación de electrodomésticos) o productos para la venta (petroleo). Llama la atención el letrero de la fig. 57 (izq.) que fue advertido por primera vez por el autor en el año 1992 y a la fecha permanece íntegro (parece datar de entre las décadas de 1960 a 1980, al juzgar por el uso de palabras como “radiolitas”, “gravadoras” o “tocadiscos” que hacen alusión a electrodomésticos de la época), que se ha conservado indeleble a diferencia de otro letreros realizados con pintura industrial que no sobrepasan una duración de 5 o 10 años. De todas maneras resulta sugerente el hecho de que en estos casos se haya escogido el color rojo, como emulando la apariencia de las pinturas rupestres prehispánicas de la zona. En otra roca cerca al casco urbano se advirtió un mural contemporáneo en que se plasma en varios colores un paisaje rural. También se identificaron diversas muestras de graffiti de carácter propiamente urbano (nombres de personas, parejas, declaraciones de amor, etc.), que se expondrán en el siguiente apartado de diagnóstico de conservación, por considerarlos aquí como un evento exógeno producto, en gran parte, del creciente turismo ecológico y de aventura que se promueve en la región.
Por ahora no se ensayan mayores interpretaciones sobre el repertorio iconográfico rupestre de Sutatausa, sumamente rico y diverso, el cual amerita un posterior estudio más profundo.
4.5. Diagnóstico general del estado de conservación La mayor proporción de localización de los sitios corresponde a predios privados que se destinan a diversos usos: potreros para ganadería o agricultura, zonas de amortiguación de expansión urbana, de conservación de suelos y restauración ecológica, ronda de rios, quebradas o escorrentías, entre bosques o a orillas de caminos o haciendo parte integral de áreas abiertas de conjuntos de viviendas campestres, entre otros. En términos generales los sitios rupestres de Sutatausa, con relación a su gran profusión y al hecho de estar expuestos a la intemperie, están relativamente bien conservados. Se pudo advertir que el estado de conservación de los sitios localizados en sectores rurales y poco habitados es bueno, pero que aumenta en alteraciones, deterioros y riegos en la medida que se encuentran próximos a frentes de expansión urbana, no solo por la construcción de edificaciones (vivienda campestres), sino por todo lo que esta urbanización implica (vías de acceso, redes de alcantarillado, acueductos, electricidad, etc.) y las nuevas dinámicas sociales y económicas asociadas (explotación de piedras como materia prima, turismo sin control, vandalismo, etc.). Además de las afectaciones naturales causadas por radiación solar, lluvia, viento o acumulación de materia orgánica, anidación y deposición de animales o crecimiento de micro y macroflora en sus superfícies, en los últimos años se han empezado a evidenciar afectaciones a sitios que estan expuestos a una cada vez mayor afluencia de visitantes foráneos; es así como hoy día es posible identificar graffiti sobre los murales prehispánicos, realizados con pinturas industriales en aerosol, pinceles y/o marcadores de fieltro (fig.64). Algunos sitios se están utilizando como depósito o soporte de diversos materiales (fig.63izq.) e incluso estan siendo aprovechados como pared de fogones para quemar basuras. Otros son utilizados como sitio para realizar prácticas de deportes extremos (escalada y rappel) (fig.63der.). También se tiene noticia de prácticas de documentación de pinturas rupestres que utilizan algunos investigadores y estudiantes mediante la aplicación de agua sobre las pinturas para mejorar su visibilidad, lo cual produce migración de sales hacia la superficie del soporte rocoso evidentes en manchas o halos blanquesinos que tapan poco a poco las pinturas. El entorno de los sitios se esta viendo afectado por prácticas de guaquería (fig.65), las cuales además de destruir el posible contexto arqueológico del lugar dejan grandes huecos en la base de las piedras, algunos de los cuales se llenan de agua y terminan alterando la base. También se han construido viviendas campesinas y campestres muy cerca o incluso utilizando las mismas rocas como paredes (fig.62). Se advierten algunos rastros de extracción de material pétreo, sobre todo del techo de las rocas, cuyos fragmentos se utilizan para realizar apliques y arreglos para jardines. Aunque no se encontraron muchas piedras con rastros de cantería, algunas si se han fracturado al parecer de manera natural (fig.66). El relativamente reciente (50 años aprox.) crecimiento de vegetación, especialmente de bosques de pinos, acacias y eucaliptos en el entorno próximo de las piedras las hace vulnerables a ser afectadas por incendios forestales (fig.67).
5. Conclusiones 5.1. Arte rupestre de Sutatausa: Los 81 sitios con arte rupestre inventariados se encontraron plasmados sobre diversos tipos de soporte rocoso (bloques erráticos simples, compuestos, abrigos y paredes rocosas) dispersos en una geomorfología compleja de formaciones cretáceas fuertemente plegadas dispuestas en un paisaje denominado como Montañoso Estructural Erosional (Rodríguez, 2011) y conocido localmente como farallones, cuchillas o peñas que sobresalen (hasta una altura de más de 3000 msnm) en el paisaje de las veredas y sectores de Palacio, Novoa, Salitre, Pedregal, Santa Bárbara y Casco urbano. Los sitios se inscriben principalmente en torno al sistema de microcuencas hidrógraficas de las quebradas De los candados, Aguaclara y Chirtoque que forman el río Suta y la quebrada Palacio y sus escorrentias asociadas que vierten sus aguas en la laguna de Palacio, que a la vez forma el sistema de lagunas Palacio-Cucunubá-Fúquene, el cual hasta mediados del siglo XX se interconectaba a través de canales y constituía, en tiempos prehispánicos, un extenso paisaje lacustre, hoy transformado en sabanas de pastizales dedicados principalmente a la ganadería lechera. En este contexto los sitios con arte rupestre se constituyen en miradores excepcionales desde los cuales se logra control visual de una gran extensión del territorio desde el boquerón de Tausa (que divide geográficamente a la Sabana de Bogotá del Valle de Ubaté) hasta la laguna de Fúquene (fig.68).
No se tiene certeza de la caracterización mediaombiental de este paisaje en tiempos prehispánicos. Al juzgar por los relatos de las crónicas o ciertas tradiciones el territorio estaba muy poco poblado a la llegada de los europeos y sufrió de varios despoblamientos (entre ellos el causado por un genocidio a manos de españoles en 1541) hasta mediados del siglo XX (ver Martínez, 2008). Esto debido quizás a la fuerte erosión de sus tierras que ofrecían un paisaje yermo y desolador (desde mediados del siglo XIX la zona se conoció como “sutapelao”). Sin embargo su dinámica social prehispánica pudo estar relacionada con su ubicación estratégica como transecto del camino que conecta las sabanas de Bogotá y Ubaté, por donde circulaban productos de intercambio como la sal de Tausa, Nemocón y Zipaquirá y la cal de Cucunubá (Langebaek,1985), en especial durante el periodo muisca (siglos VIII al XVI). Aunque no se cuenta con fuentes etnohistóricas o arqueológicas que lo confirman, en un trabajo anterior (ver Martínez, 2008) y con base en la supervivencia actual de técnicas artesanales en torno a la elaboración de tejidos, se propone que esta zona pudo ser un centro de confección de tejidos propiamente dichos o de parte de su cadena operativa, en particular de la producción de hilos (2).
La pintura rupestre prehispánica se manifiesta en un amplio repertorio de variables tecnológicas e iconográficas que dificultan su caracterización como un corpus homogéneo. Este va desde improntas de dedos y manos, formas geométricas complejas hasta representaciones o abstracciones zoomorfas y antropomorfas; plasmadas en pigmentos ocre (rojo, rojo violáceo y naranja), blanco y negro, y mediante diversas técnicas de preparación (estado líquido o colodial y sólido) y aplicación (dactilar o con intrumentos). Con respecto a la diversidad de pigmentos, y con base en la hipótesis que propone que aquellos blancos y negros no se conservaron igual que los ocres por efectos tafonómicos (ver: Arguello y Martínez, 2004) vale considerar que lo que observamos hoy día en los murales con rojo ocre puede ser tan solo una parte de lo que fueron otrora conjuntos policromos, de los cuales apenas se conservan hoy día dos muestras referidas en este inventario. Si bien, en general este repertorio se relaciona con el que se ha identificado para la macroregión del altiplano cundiboyacense (caracterizado básicamente por el uso de pintura roja y formas geométricas), las variaciones advertidas en Sutatausa parecerian manifestar un desarrollo local diferenciado. Sin embargo cabe aclarar que como este es el primer inventario exhaustivo realizado a un corpus de arte rupestre de la región (1), se haría necesario contrastar esta tesis con futuros inventarios focalizados en otras zonas para poco a poco ir vislumbrando posibles variables y continuidades iconográficas o tecnológicas.
A la gran profusión, densidad y variabilidad del arte rupestre de Sutatausa se suma la posibilidad de que se trate de una tradición largamente extendida en el tiempo, o por lo menos que trascendió el momento de la conquista y colonización europea hasta diluirse en las prácticas de comunidades indígenas reducidas o rurales en los siglos posteriores. La posible representación de cabalgaduras e iconografía posconquista plasmada con los mismos pigmentos y técnicas prehispánicas sustentarían esta hipótesis. Esta observación nos puede conectar de algún modo con un rasgo de transculturación o sincretismo cultural plasmado en la excepcional representación de un personaje indígena (quizás un o una donante) sobre uno de los muros del templo doctrinero del antiguo pueblo de indios que aglomeró los poblados muiscas de Suta y Tausa en la hoy Sutatausa (ver Martínez, 2008). Acerca de la posible significación, función o uso del arte rupestre de Sutatausa el único referente etnohistórico que podría citarse refiere a la tradición de Bochica, dios civilizador de los muiscas. Diversos cronistas (Simón, Piedrahíta, Zamora, Vargas Machuca), consignaron apartes de mitos en que se relacionan sitios rupestres con la presencia de esta deidad o se le atribuye la elaboración de las pinturas. Entre estos llama la atención un relato que pareciera ajustarse a las características de la “piedra de los tejidos” y otras similares de Sutatausa:
Esta versión implica el reconocimiento mítico del arte rupestre por parte de los indígenas muiscas de la época de la conquista, quienes no se se atribuían su autoría pues, o habían perdido hace tiempo la tradición de pintar las piedras, o estas fueron plasmadas por grupos de distinta filiación étnica o cultural o pobladores muy anteriores a los muiscas, por ejemplo del periodo Herrera (1.200 a.C - siglo VIII aprox.). De este modo se acepta que a la fecha no se cuenta con evidencias etnográficas ni arqueológicas suficientes para determinar cronología, autoría y significado de este inmenso corpus de pintura rupestre (de lo cual quizás nunca tengamos certeza), pero estudios mas precisos enfocados en el análisis de la iconografía y de las relaciones espaciales y orientación de los sitios a micro y macro escalas territoriales podrían dar luces sobre posibles estilos o tradiciones pictóricas diferenciadas tanto por sus rasgos tecnológicos como por posibles estructuras sintácticas en la configuración de los motivos individuales como en la composición de los murales. Se espera que este proyecto de inventario se constituya en un primer aporte a la dinamización de estas futuras áreas de especialización en el estudio del arte rupestre de Sutatausa y del altiplano cundiboyacense en general.
5.2. Logros y dificultades de una experiencia sui generis Como experiencia con saldo social este proyecto contribuyó a la consolidación del CHyPC como ente comunitario en torno al cual se hizo posible congregar y encauzar esfuerzos en pro del reconocimiento de estos sitios y formular acciones para propender por su protección normativa (inclusión en el EOT) y futuro aprovechamiento sostenible (p.ej. mediante la práctica del turismo cultural); de igual manera contribuyó a la gestación del grupo de Vigías del Patrimonio Cultural al hacer partícipes a jóvenes y niños del grupo semillero que se unieron de manera entusiasta a la labor de reconocimiento y capacitación en los talleres y charlas que se impartieron durante el proceso. Todas las actividades de este proyecto se realizaron de manera abierta y siempre convocando a la comunidad en general por medio de comunicación directa, voz a voz, correo electrónico, redes sociales, afiches, volantes y perifoneo. A pesar del saldo positivo del proyecto, este no estuvo exento de dificultades. En primer lugar por ser una iniciativa de particulares no se contó con suficientes recursos económicos; los gastos relacionados con el trabajo de campo (transporte, alimentación, estadía, etc.), de laboratorio (edición de fotografías, diligenciamiento de formatos de registro, equipos y material de oficina), recursos humanos (capacitación y disponibilidad de tiempo, y otros (logística de los eventos de socialización, material de divulgación, etc.) fueron aportados por los participantes y autores del informe en la medida de sus capacidades. Esta circunstancia se dió porque el CHyPC consideró que era perentorio realizar el registro antes de que venciera el plazo para la inclusión del inventario en el EOT (diciembre de 2011), y que si se esperaba a acceder a recursos públicos por medio de alguna convocatoria (como la del IVA a la telefonía móvil), esto no alcanzaría a concretarse. Por tal razón se prescindió del apoyo estatal, y se asumió el resultado como un aporte comunitario al registro e inventario del patrimonio cultural y arqueológico, salvando de esta manera la responsabilidad que en este sentido le competiría en primera instancia a los entes territoriales (Alcaldía y Gobernación), al ICANH o al Ministerio de Cultura (Ley 1185 de 2008). Otra situación problemática que se presentó tuvo que ver con que, mientras se concretaba la finalización del proyecto, la Alcaldía, de manera unilateral y sin contar con la participación ni el concepto del CHyPC, presentó a la convocatoria pública para acceder a recursos IVA de telefonía móvil otro proyecto con el mismo objetivo de realizar un inventario del arte rupestre del municipio, el cual fue avalado por la Gobernación de Cundinamarca, desconociendo de esta manera el trabajo y los resultados logrados por la comunidad congregada en torno al CHyPC. El proyecto en cuestión abogaba por realizar un inventario especializado del arte rupestre, con base en una metodología particular –no reconocida oficialmente ni normatizada–, realizado exclusivamente por “expertos” y sin contar con la participación de la comunidad, lo cual contradice lo establecido para la adjudicación de los recursos públicos del IVA de telefonía móvil en el artículo 5 del decreto 4934 del 18 de diciembre del 2009, en el cual se hace explícito que dichos recursos debe ser destinados a la apropiación social del patrimonio cultural:
Lo que se podría inferir de esta experiencia es que la apropiación social del patrimonio, a pesar de estar formulada en las políticas culturales e incluso normatizada en decretos como el anterior, aún presenta grandes brechas entre teoría y práctica que problematizan su efectiva puesta en marcha. El proyecto de la comunidad de Sutatausa reunida en torno al CHyPC ha cumplido con todo lo establecido por la ley y la reglamentación al respecto del inventario de patrimonio cultural y del arqueológico en particular. Ha recurrido y se ha asesorado debidamente con la instancia pertinente (ICANH), y ha sido aceptado y avalado por la misma. La alcaldía municipal actuó de manera ambivalente al aceptar, por un lado, el inventario realizado por el CHyPC para ser incluido en el EOT, pero por otro lado avaló un proyecto equiparable para volver a realizarlo sin tener en cuenta la participación de la comunidad. La Gobernación de Cundinamarca y en especifico su Concejo Deparatmental de Patrimonio Cultural y su Instituto de Cultura y Turismo (IDECUT), hicieron caso omiso y no atendieron las reclamaciones.
5.3. Las enseñanzas Este proyecto de inventario de sitios con arte rupestre en Sutatausa partió de la iniciativa de un sector de la comunidad preocupada por la situación de desconocimiento y vulnerabilidad de este patrimonio cultural, que ante la inercia del ente gubernamental (Alcadía, Gobernación, Ministerio de Cultura) decidió encararlo con sus propios medios y recursos (humanos, técnicos y económicos), constituyéndose en la primera experiencia de este tipo que se lleva a cabo en Colombia. Desde el punto de vista de la gestión y manejo del patrimonio cultural y en específico el arqueológico rupestre, se podrian citar como enseñanzas que arrojó este proceso: 1) El primer paso hacia su apropiación social es el reconocimiento, el cual se debe formalizar mediante la elaboración de un inventario. 2) Dicho inventario se puede (y debería) hacer de manera participativa, es decir que se debería siempre contar con el concurso activo de miembros de la comunidad (gestores culturales, vigias del patrimonio, lideres comunitarios, estudiantes e interesados en general) y no solo por “expertos”. 3) El inventario debe hacerse, como mínimo, de acuerdo con la norma vigente, para este caso por medio del registro de los sitios en los formatos establecidos por el ICANH y sus resultados deben disponerse de manera pública en físico (archivos, bibliotecas, etc.) y de forma electrónica en el Atlas Arqueológico de Colombia (ICANH). Sin divulgación y disposición pública de los resultados los inventarios carecen de sentido. 4) Aunque esta experiencia demostró que una comunidad decidida y comprometida con su patrimonio cultural, sin contar con recursos públicos y a partir de sus propios medios y recursos, puede llevar a cabo inventarios acordes con los lineamientos y la normativa establecida por el Ministerio de Cultura, se reconoce que este fue un caso sui generis que difícilmente podrá volverse a presentar en el país debido a que hoy día ya se cuenta con diversas fuentes de financiación pública desde donde es posible acceder a recursos para la ejecución de este tipo de proyectos, como por ejemplos: mediante la destinación directa de recursos por parte de las entidades territoriales, aplicando a la convocatoria para acceder a los recursos IVA a la telefonía móvil o mediante convenios interinstitucionales entre entidades territoriales y privadas (universidades, fundaciones, etc). 5) El inventario por si mismo no cumple más que con la función de informar y dejar un registro sobre la existencia de los sitios pero no asegura su conservación a futuro. Por esta razón se hace indispensable que este se incluya y articule con los Planes de Ordenamiento Territorial de los municipios para que sea reglamentada una norma específica que asegure su protección normativa. 6) Todo el proceso, en cada una de las etapas (formulación, ejecución, socialización), debe estar asesorado por y ser socializado ante las instancias públicas (ICANH, Ministerio de Cultura, Gobernación, Alcaldía) con el propósito de legitimar sus resultados desde el ámbito normativo. 7) De igual manera, se debe socializar todo el proceso con el resto de la comunidad, por cuanto este tipo de experiencia participativa arroja, por sí misma, un saldo pedagógico y permite contar con su apoyo en la preservación de los sitios. Vale aclarar que las instancias públicas suelen estar representadas por funcionarios que van y vienen y regidas por intereses políticos cambiantes, por lo que la mejor garantía de continuidad de procesos de apropiación social la representan las comunidades que habitan los territorios y que son en últimas las directas herederas y custodias de dicho patrimonio.
5.4. Recomendaciones Este proyecto de inventario se identificó un total de 81 sitios con arte rupestre, sin embargo se sabe y es muy probable que este número aumente con nuevas prospecciones. • Como se anotó, los sitios encontrados corresponden, aunque en pequeña proporción, a algunos que ya estaban referenciados en la bibliografia consultada y otros que conocían los habitantes de la zona. Sin embargo la gran mayoría se consideran aquí como nuevos hallazgos. Por esta razón se recomienda seguir con las labores de prospección en otras zonas y veredas de las que aún no se tienen datos certeros de la presencia de sitios con arte rupestre. En caso de presentarse, el CHyPC de Sutatusa estará dispuesto a continuar con el acopio e inventario para consolidar una futura segunda entrega de este registro. • Se recomienda contrastar la información suministrada de localización de los nuevos sitios (coordenadas geográficas) con el mapa predial y de usos de suelo con el fin de incluir la información consignada en el EOT del municipio y de esta manera contar con instrumentos legales y normativos que apoyen la protección y conservación de los sitios con arte rupestre a futuro. • Se recomienda establecer contacto con los propietarios de los predios donde se encuentra arte rupestre con el fin de informarlos de esta presencia, su importancia como patrimonio cultural de todos los colombianos, de la responsabilidad de su cuidado y otros aspectos tendientes a generar conciencia de protección y buen uso o aprovechamiento sostenible de los sitios. • Se recomienda incluir la información consignada en los formatos de registro del ICANH al proyecto del Atlas Arqueológico de Colombia que adelanta dicha institución como soporte y suministro de información de interés para la comunidad científica y académica de todo el país y el mundo. • Se recomienda utilizar este documento como guía para el diseño de estrategias de divulgación tendientes a generar conocimiento, conciencia, valoración, protección y conservación de los sitios con arte rupestre de Sutatausa. • Se recomienda disponer de manera pública este documento o parte de él, en archivos, bibliotecas y por la internet, con el fin de ampliar su difusión. Respecto a esto vale hacer la salvedad y tener muy en cuenta la advertencia de que si se desea visitar los lugares registrados es imprescindible contar con el permiso o autorización de los propietarios de los predios, salvo aquellos que se encuentran junto a caminos veredales o en otros espacios públicos, asi como impartir la recomendación de no intervenir de ninguna manera los sitios con arte rupestre, que no solo refieren a las pinturas o a la roca misma, sino a su entorno inmediato y en general el paisaje natural y cultural rupestre que constituye toda la zona de influencia que le brinda significación; esto incluye no tocar ni humedecer las pinturas, minimizar el impacto ambiental y cultural al desplazarse por la zona, a ser cuidadoso con la fauna, flora y elementos naturales del paisaje y respetuoso con los pobladores del lugar. • Igualmente se recomienda que de utilizar esta información para algún tipo de proyecto académico o de investigación científica, o como insumo pedagógico, información turística u otro, se sirva citar la fuente respectiva y si es posible remitirse al ICANH, la Alcaldía municipial de Sutatusa, y/o al CHyPC de Sutatusa o a algunos de sus miembros para hacerse participe y sumar a la labor de apropiación social y comunitaria del patrimonio cultural del muncipio mediante estrategias de reconocimiento, investigación, divulgación, disfrute o aprovechamiento sostenible de este importante recurso y patrimonio arqueológico, natural y cultural de y para todos los colombianos y el mundo.
La elaboración participativa de este inventario ha brindado la posibilidad a la comunidad de Sutatausa de reconocer en los sitios con arte rupestre potentes referentes de identidad y afianzado su percepción como recursos culturales que pueden ser aprovechados como herramientas pedagógicas y/o como lugares para la práctica de un turismo cultural sostenible que incorpore algunos de estos sitios a dinámicas productivas que beneficien a la comunidad. Asi, estos sitios del patrimonio cultural pueden dejar de ser vistos como un pasivo incómodo (que muchas veces parecen obstaculizar ciertas dinámicas de desarrollo territorial) para que se empiecen a reconocer como un verdadero activo en torno al cual sea posible establecer interlocución y diálogo entre el patrimonio cultural y arqueológico y las comunidades, lo que en últimas redundará en su conservación y transmisión a futuras generaciones. ----- Dónde consultar el inventario: Si se desea conocer la totalidad del inventario puede consultar el documento impreso en la Alcaldía de Sutatausa, la sede del CHyPC (Finca Tolima, Vereda Santa Bárbara), la biblioteca del ICANH (No. cat. ARQ-2103) o contactarse con Diego Martínez C. al correo ciudadanomartinez@yahoo.com. Tambien puede consultar la localización y algunos datos básicos de los 81 sitios en el Atlas Arqueológico del ICANH.
¿Preguntas, comentarios? escriba a: rupestreweb@yahoogroups.com Cómo citar este artículo: Martínez Celis, Diego. Inventario participativo y caracterización de sitios con arte rupestre en Sutatausa (Cundinamarca). Una experiencia de apropiación social del patrimonio cultural. 2013
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